Ante la incapacidad del presidente estadounidense, Donald Trump, de poner fin rápidamente a la agresión conjunta con Israel contra Irán, la Casa Blanca estaría enfocada en conseguir una salida pronta para ese conflicto en Asia occidental, con el propósito de evitar que Washington siga sufriendo daños económicos que inicialmente no figuraban en la ecuación, reporta The Telegraph.
De acuerdo con el medio, los asesores del mandatario lo habrían animado a atacar a Teherán, al considerar que se produciría un escenario semejante al de Venezuela, donde EE.UU. bombardeó la capital venezolana, neutralizó electrónicamente sus dispositivos de defensa antiaérea y secuestró a su presidente, Nicolás Maduro.
No obstante, pasó algo muy diferente. Irán atacó exitosamente con misiles el territorio israelí y bases militares estadounidenses en todo el Golfo. Además, logró cerrar el estrecho de Ormuz, por donde circula un volumen significativo del crudo que se comercializa a nivel mundial, y mantiene en su poder las reservas de uranio enriquecido para su programa nuclear.
Entretanto, los precios del petróleo han subido significativamente, hay temores crecientes de que el combustible de aviones escasee, y muy probablemente tenga EE.UU. que enfrentar costos económicos a largo plazo, que podrían comprometer las posibilidades del gobernante Partido Republicano en las elecciones de medio término del próximo noviembre. A ello se suma que la aprobación ciudadana a Trump se desplomó a mínimos históricos por causa de la guerra.
¿Contra las cuerdas?
Una fuente diplomática de alto rango de un país de Medio Oriente le aseguró a The Telegraph que el Gobierno estadounidense "subestimó" a Irán y "quedó impactado" por su respuesta. "La pregunta es: ¿les importa? No parecen preocuparse por el impacto económico global, sino por el impacto interno. Si logran controlar el petróleo, podrán presentarlo como una victoria ante el pueblo estadounidense, como hicieron con Venezuela", añadió esa persona.
Sobre la base de estas aserciones, se considera que Trump tiene pocas opciones para salir del atolladero. Si el conflicto se intensifica rápidamente, la situación podría obligarlo a ordenar una invasión. Más allá del resultado militar de esa decisión, en este caso se prevé una recesión económica global. Por otra parte, el desventajoso anuncio de una retirada –esta jornada el propio mandatario estableció como tope un máximo de tres semanas– podría leerse como una humillación.
En cualquier caso, el Pentágono dispone de planes para perpetrar una invasión a suelo iraní y extenderla durante varias semanas. Entre otros objetivos, se contemplan eventuales incursiones en la isla de Jarg, desde donde se exporta la mayor cantidad de crudo iraní, así como ataques a puntos estratégicos en el estrecho de Ormuz.
A estos fines habría arribado a la zona la 31.ª Unidad Expedicionaria de Infantería de Marina, compuesta por unos 2.200 soldados. Se espera asimismo que en los próximos días llegue a Medio Oriente la 11.ª Unidad Expedicionaria de Marines y se ordenó el despliegue de 3.000 paracaidistas entrenados para asaltar territorio enemigo desde helicópteros y tomar infraestructuras claves.
Empero, un escenario como el descrito supondría más costos económicos y más bajas militares estadounidenses, lo cual contradice claramente la promesa que hiciera Trump durante su última campaña electoral, de poner fin a las guerras emprendidas por EE.UU. en el extranjero. Esa sería la razón por la cual la Casa Blanca busca detener a toda costa un conflicto que luce fuera de control y que podría empeorar.
Trampa iraní
Así las cosas, en Washington estarían recalibrando sus objetivos. Trump le habría dicho a sus asesores que está dispuesto a detener la guerra incluso en el caso de que el estrecho de Ormuz permanezca prácticamente cerrado, como se desprende de recientes declaraciones en las que ha instado a sus aliados de la OTAN y a otros países afectados a desbloquear por cuenta propia el paso marítimo.
En adenda, las tentativas de la administración estadounidense se estarían viendo comprometidas por la negativa de Irán a negociar. Aunque Trump ha afirmado repetidamente que existen conversaciones directas con las autoridades iraníes, este martes el canciller Abbas Araghchi refutó categóricamente esa versión, aseveró que no han respondido al plan de paz de 15 puntos presentado por la Casa Blanca y añadió que tampoco han presentado una contrapropuesta o alguna condición para finalizar la guerra.
Así, mientras EE.UU. estaría interesado en poner fin a la conflagración lo antes posible, la contraparte iraní querría lo opuesto. "Para los iraníes, cuanto más dure esta guerra, mejor. Así podrán salir del conflicto con más exigencias", valoró la fuente diplomática del Golfo.
Una fuente gubernamental del Reino Unido consultada por The Telegraph concordó con esa apreciación: "Hace unas semanas se percibía que Irán buscaba desesperadamente una salida. El problema con la retórica de Trump es que los iraníes ahora se sienten optimistas y animados".
EE.UU. acecha el petróleo iraní y Teherán le planta cara, MINUTO A MINUTO




